Sanciones laborales: por qué no basta con tener razón

20-02-2026

En el ámbito laboral, imponer una sanción no es solo una cuestión de convicción interna. Ante una posible impugnación, no basta con que la empresa esté convencida de que la conducta sancionada es real o injusta.

La clave está en poder probar los hechos, acreditar la proporcionalidad de la sanción y demostrar que se ha seguido el procedimiento correcto.

En la práctica, muchas sanciones no se anulan porque el comportamiento no haya existido, sino por defectos formales, falta de prueba suficiente o errores en la tramitación. Por eso, una gestión disciplinaria bien planteada es tan importante como la conducta que se pretende corregir.

 

La carga de la prueba recae en la empresa

Cuando un trabajador impugna una sanción, es la empresa quien debe demostrar:

  • Que los hechos ocurrieron realmente.
  • Que pueden acreditarse con medios de prueba válidos.
  • Que la calificación de la falta es correcta según el convenio colectivo o la normativa aplicable.
  • Que la sanción impuesta es proporcional a la gravedad de los hechos.

No es suficiente con informes internos genéricos, impresiones subjetivas o valoraciones no documentadas. Los tribunales exigen hechos concretos, fechas, pruebas claras y una relación lógica entre la conducta y la sanción aplicada.

Este mismo criterio se aplica también en los despidos disciplinarios. Tal y como se explica en el artículo ¿Cuando un despido es considerado procedente? 

No basta con que exista una causa; es imprescindible que esté correctamente acreditada y formalizada para que sea considerada procedente.


La importancia de la proporcionalidad

Uno de los errores más frecuentes en materia sancionadora es la falta de proporcionalidad. No toda infracción justifica la sanción más grave, aunque genere malestar o afecte al clima laboral.

La proporcionalidad implica valorar, entre otros aspectos:

  • La gravedad objetiva de la conducta.
  • La reiteración o reincidencia.
  • La intencionalidad.
  • El perjuicio causado.
  • El historial disciplinario del trabajador.

Imponer una sanción excesiva respecto a los hechos puede llevar a su anulación o reducción, incluso cuando la conducta esté probada. El análisis debe ser técnico, no emocional ni reactivo.


Procedimiento: los defectos formales también cuentan

Muchas sanciones se anulan no por el fondo del asunto, sino por errores en la forma. Algunos ejemplos habituales:

  • Comunicación escrita deficiente o ambigua.
  • Falta de concreción de los hechos.
  • Ausencia de fechas.
  • Incumplimiento de los plazos de prescripción.
  • No respetar el procedimiento previsto en el convenio colectivo.
  • Vulneración de garantías especiales (representantes legales, protección por maternidad, reducción de jornada, etc.).

El procedimiento no es un mero trámite administrativo. Forma parte del derecho de defensa del trabajador y es un elemento que los tribunales revisan con especial atención.


La prueba: el elemento decisivo

En conflictos laborales, la prueba suele ser el factor que inclina la balanza. Correos electrónicos, registros, testigos, informes técnicos, grabaciones legales o documentación interna pueden ser determinantes.

Esto es especialmente relevante en materias sensibles como el acoso laboral, donde no basta con percepciones o sospechas. Tal y como se analiza en: Acreditación del acoso laboral: Un análisis jurisprudencial | Fortuny i associats

Los tribunales exigen una acreditación sólida, coherente y suficiente de los hechos para validar una sanción o una decisión empresarial basada en estas conductas.

Este criterio es extrapolable a cualquier sanción: sin prueba suficiente, incluso una conducta real puede quedar sin consecuencias jurídicas.


Anticiparse evita conflictos mayores

Una gestión disciplinaria mal planteada no sólo puede acabar en la anulación de la sanción. También puede derivar en:

  • Indemnizaciones.
  • Declaraciones de improcedencia o nulidad.
  • Deterioro de la relación laboral.
  • Pérdida de credibilidad interna de los procesos disciplinarios.
  • Conflictos judiciales más largos y costosos.

Por el contrario, un análisis previo adecuado permite:

  • Valorar si existen pruebas suficientes.
  • Ajustar la calificación de la falta.
  • Elegir la sanción más adecuada.
  • Corregir defectos formales antes de notificar.
  • Reducir el riesgo de impugnación o, en su caso, fortalecer la posición de la empresa.

Sancionar bien también es proteger a la empresa


Gestionar correctamente una sanción no significa ser más duro, sino ser más riguroso. La seguridad jurídica no se basa en “tener razón”, sino en poder demostrarla conforme a la normativa, al convenio colectivo y a la doctrina de los tribunales.


En Fortuny & Associats analizamos cada caso de forma individual, revisando hechos, pruebas, procedimiento y proporcionalidad, para que la decisión esté bien fundamentada y jurídicamente protegida.